Propuestas Digital: desde la capital
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sábado, 25 de agosto de 2007

La Payada

En honor a nuestro Carlos Molina


    EN NUESTRA EDICIÓN DE JUNIO, COMPARTÍAMOS LOS INTERESANTES APORTES DE UN COLEGA Y AMIGO DE MONTEVIDEO SOBRE "EL MATE". EN LA OPORTUNIDAD, RECURRIMOS NUEVAMENTE A NELSON CAULA, PERO PARA QUE ESTA VEZ, A QUIENES VIVIMOS EN LOS PAGOS QUE DIERON VIDA AL MÁS GRANDE PAYADOR, NOS ILUSTRE SOBRE LAS PARTICULARIDADES DEL "ARTE PAYADORESCO".

    El también denominado “Arte Payadoresco”, “Canto del Payador”, “Canto de contrapunto o desafío”, “Poesía payadoresca”, o simplemente “El Payador”, entre otros menos comunes, a pesar de no pasar por su mejor momento, reúne varios de los elementos – tradiciones, construcciones de ritmos y cantos poéticos, lenguaje, modismos y hasta atuendos, vigentes desde hace más de trescientos años transmitidos de generación en generación- que, aún independientes entre sí, son esenciales como expresión del patrimonio inmaterial. Buena parte del crisol que lo define.

    Es la representación más claramente identificada con la vida del Gaucho, “Literatura Gauchesca”, según la concepción académica.

    ¿Dónde nació?

    Se desarrolla en todo el territorio nacional, como parte además, de su amplia extensión en las provincias argentinas vecinas y Río Grande del Sur en Brasil.

    Tal cual se lo concibe hoy día, tiene su origen casi con la aparición del mismo gaucho, prototipo humano al que se refiere un viajero español en 1773:

    “Se hacen de una guitarra (...) aprenden a tocar (...) y a cantar (...) varias coplas (...) muchas que sacan de su cabeza, que regularmente ruedan sobre amores (...) pasan las semanas enteras tendidos en un cuero, cantando y tocando” (Concolorcorvo).

    En 1789 se testimonia que estos “juegan o cantan unas raras seguidillas (...) con una (...) guitarrilla (...) El talento de cantor es uno de los más seguros para ser bien recibidos en cualquier parte y tener comida y hospedaje” (José Espinosa). Pero, se nutre también de remotos aportes europeos, amerindios y de la forzada inmigración africana: las tensones y los quolibet de los trovadores (Daniel Vidart), entre los primeros; los antiguos araucanos, tamoyos y tupinambás, como los actuales kdiwéu (Brasil), mapuches (Chile y Argentina) y cuzqueños (Perú) (Nelson Caula) entre los segundos; y abakuás, ashantis, bantúes y yorubas del Congo, Guinea y Angola (Caula), de los últimos, lo que le da un carácter milenario.

    Lanza y guitarra en mano

    A través del “cantar opinando” hace eclosión en las luchas de la Independencia de la inspiración de Bartolomé Hidalgo: “Cielito, cielo festivo, / cielo de la libertad, / jurando la Independencia / no somos esclavos ya” (Hidalgo). Y por mediados del siglo XIX: “estos cantores afortunados tienen el primer lugar en los bailes y reuniones del populacho (...) improvisan entre dos cualquier asunto cantándolo en versos contradictorios al son de dos guitarras” (Francisco Muñíz).

    Y así ha sido siempre. Más allá de cultores del siglo pasado y contemporáneos – Raúl Montañés, Héctor Umpiérrez, Carlos Molina, Juan Carlos López - que han hecho fama profesionalizando su arte, una pléyade de peones de estancia, chacreros, domadores y troperos, por lo general humildes, mantienen el género como antes en “las pulperías”.

    Ya en la intimidad del fogón, en “yerras” o “pencas” u otras fiestas locales, como en grandes festivales de folklore, se los ve haciendo sus improvisaciones libres, crónica musicalizada de los sucesos que conmueven los pueblos y su entorno, con sus apuntes reflexivos, rescatando la memoria histórica con criterio épico, manteniendo los modismos del lenguaje campesino:

    “un sable corvo herrumbrao, / d’esos que nunca han dentrao (...) ni el ocho de una manea (...) una encimera, un pegual (...) o algún lazo ramaleo...”. “en los bastos el pigüelo (...) Aguaitando la huesuda” (Carlos López Terra). A sus versos o “compuestos”, y como buenos hombres de su tiempo, además del antiguo ritmo de la cifra o la melodía del cielito, transforman la musicalidad agregando la milonga, el vals, el estilo y hasta la chamarrita.

    Nelson Caula Carapé

martes, 19 de junio de 2007

El Mate


Una costumbre bien nuestra

El 84% de los uruguayos admite tomar mate todos los días y con tal grado de adhesión que no llama la atención que nuestro país ocupe el primer lugar en el mundo en el consumo de yerba. ¿Pero realmente cuánto sabemos sobre la costumbre tan nuestra de disfrutar de esta infusión? A continuación compartimos con nuestros lectores los aportes de un colega de la capital del país que sorprenderán a más de uno.


Este patrimonio inmaterial tiene lugar en todos los rincones del país, desde las grandes urbes hasta lo más recóndito de los ambientes rurales, pasando por todos los sectores etareos, clases sociales, hombres y mujeres. Teniendo en cuenta que más de ocho de cada diez uruguayos practican, cotidianamente, esta infusión, debe ser considerada a la vez como parte de los usos y costumbres de mayor vigencia en el país, superando incluso, el manejo, también habitual que le dispensan los países vecinos a pesar de su mayor población y superficie.

Componentes primarios
Es, indubitablemente, un legado de la más antigua cultura de las etnias guaraní-tupí. Sus componentes primarios se mantienen casi inalterables: la Ka’a (en guaraní) o Yerba mate (la hierba vegetal de la familia de las Ilex); el Ka’ aiguá (del idioma avañe’e, guaraní no paraguayo) que se traduce como “recipiente para el agua de la yerba” también llamado porongo o mate, tipo de calabaza, fruto de la Crescentía y de la Lagenaria vulgaris (un tipo de enredadera); la takuapí (también del guaraní) una cañita ahuecada para sorber el agua y por último el itacuguara o “barro hueco (vasija) para el agua caliente”. Salvo ciertos procesos de industrialización de la yerba, algunas pocas preferencias por recipientes de madera o cerámica entre una variada gama, la bombilla de metal en lugar de la cañita y un termo que mantiene el agua caliente y facilita su traslado, no se registran cambios sustanciales.

Sus orígenes
Su origen de carácter ritual, espiritual y religioso así como su primigenio uso medicinal, también en etnias como la charrúa o la mapuche, y del dominio de los chamanes es toda una certeza. Aún se puede observar entre los Mbya-Guaraní actuales, instalados en las afueras de Montevideo, también cerca de Curuguaty en Paraguay, la ritual “Rueda del mate” o entre los Ñandeva de Curitiba, Brasil, la “Rueda del mate y el petá”, con rezos, cantos y danza en torno a un mate con las hojas enteras, sin moler, de la yerba. En antiquísimos mitos y leyendas guaraníes, Tupá “el genio del bien, el Supremo que todo lo puede” premiaba como agradecimiento obsequiando la yerba; por su parte Yasí (la luna) y Araí (la nube) entregaban la Ka’a “planta benéfica y protectora” la “privilegiada de la tierra”. Ya en 1763, al describirse la ociosidad de los montevideanos, se consigna que “ellos no se ocupan más que de conversar juntos, tomar mate y fumar un cigarro” (Pernetty).
Ha estado el mate, indisolublemente ligado a la historia de los uruguayos. Desde El Hervidero, Paysandú, a orillas del río Uruguay, José Artigas el Protector de las Provincias Unidas le escribe el 22 de noviembre de 1815 al Gobernador de Corrientes y Misiones, el indio guaraní Andrés Guacurarí: “...se han desembarcado en este puerto los 48 tercios de Yerba que Usted me remite. Agradezco la fineza” (Archivo Artigas).

Valores terapéuticos
Como antaño y sumado a los valores terapéuticos propios de la yerba mate -tales como tonificar el sistema nervioso, ser regulador del corazón, el aparato digestivo y la respiración, normalizando el esfuerzo intelectual y muscular- sus efectos curativos se amplían ilimitadamente al ser su infusión depositaria y mezcla de gran variedad de yuyos y hierbas medicinales: anacahuita, albahaca, alcachofa, alfalfa, apio, arrayán, aruera, boldo, cardo, carqueja, cederrón, guaco, llantén, manzanilla, marcela, mburucuyá, pitanga, romero, tilo, toronjil, etc.; prácticamente conlleva toda la farmacopea tradicional.

Una costubre de todos
En 1995 en Uruguay se consumieron 24.000 toneladas de Yerba. El 84% de los uruguayos admite tomar mate todos los días. Un 77,8% de los hombres lo hacen en la capital y un 85% en el interior. Las mujeres los superan: 82,9% en Montevideo y un 98,2% en el interior (Rica). El país ocupa el primer lugar en el mundo en el consumo de Yerba y así, en medio del campo, el parque o la plaza de las ciudades, otras ruedas de mate cumplen el viejo ritual de los primeros “asientos del fogón” de los indígenas americanos.

Nelson Caula
Periodista