martes, 19 de junio de 2007

El que quiera pescar, que se moje

De que manera un hombre - me refiero a mi tío, el mismísimo Militón -, al tercer día, por poner uno, de una "pesquería" obtiene instintivamente en medio de una selva - como en ciertas partes del Río Negro - los medios necesarios para sobrevivir. Claro, esto suena dramático pero, les digo porque sé, pudiera haber dicho "orientarse", pero como les digo, a esa altura no distingue a Juana de la hermana.
Corría el turismo del '80, excursión pintoresca: un carro con dos caballos, uno prendido y el otro a bozal, trotando al costado, pero además un tal Araújo manejaba una motoneta verde color cotorra, marca "Bambi", la cual creo que la había pintado a pincel.
El periplo además contaba con tres personas más, yo diría personajes, acompañando a Araújo: el también conocido como "el Sabandija", el Cacho - hombre que se volvió pueblero y se vino para Melo - y comandando la nave más grande venía mi tío. Éste, al transcurso de los ya casi 30 kms. con el sangoleteo propio del carruaje, más el líquido que en él descansaba (perdón… debí decir dentro de él), parecía un péndulo de reloj, y finalmente, un pariente del Cacho, finao muerto a ésta hora, venía con las patas colgando al costado del carro, abrazado de una damajuana, quien en cada meneo del carro con uno de los pies le pegaba patadas a una pinica que colgaba del rodado (permítanme compartir con ustedes que aún no me imagino cuál era el objetivo de semejante utensilio en el viaje).
Mucha galleta, poca verdura y mucho líquido, era el bagage de manutención de este "Convoi". "Crónica de un pedo anunciado", le pondría yo si tuviera que ponerle nombre a este novelesco paseo, porque ojo, era sólo eso; eso sí….. empezaba el sábado antes de turismo y lo hacían durar hasta el último domingo de la semana cristiana.
Al momento de llegar a la esperada última portera, la bolsa con los pertrechos para dormir venía en forma "achorizada" detrás de la motoneta, también con una desprolija inclinación.
Tras una corta discusión, baja el Cacho, descuelga el "cambón" y entre golpes y puteadas pasa "el tour de la cuet", y ya se divisa el monte. En él, ya se podían escuchar los gritos y gorjeos, de chajases, garzas y otros bichos alados que disputaban un lugar para pernoctar; con lo que quedaba de fuerzas desprenden el carro, para luego tirar unos ponchos y jergones en el pasto bajo abrigo.
Mientras tanto, el único con tino de pescador, con oficio de pescador, con vocación de verdadero, impregnado de una "empapada" vocación de pescador, logra revolear un aparejo encarnado con un pedazo de garrón de oveja, a lo que éste - me refiero al aparejo - toma elevación, acariciando el cielo, para luego ir lentamente cayendo en picada a pocos metros de la orilla, justo arriba de los sarandices y - lo cual no es poco - a varios centímetros del agua.
El Cacho, mira el anzuelo meneándose en el aire, lo mira a mi tío, una, dos, tres veces y finalmente le dice:
- Viste que el anzuelo ni toca el agua ché!.
A lo que Militón, le mira con aire de solvencia, mira el anzuelo y antes de taparse hasta la cabeza, susurra, musita la frase célebre:
- SI QUIEREN COMER QUE SALTEN!.

Q.T.C.

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