viernes, 19 de octubre de 2007

Robert Reys y su lucha contra el cáncer

"Descubrí cuanto me quiere el pueblo
y quienes son los v
erdaderos amigos".

UNO DE LOS MAYORES SÍMBOLOS DE CERRO LARGO ESTÁ PASANDO POR UN MOMENTO MUY DIFÍCIL DE SU VIDA, LUCHANDO CON UNA GRAN ENTEREZA POR SEGUIR ADELANTE CON LA MISMA, ABRAZADO A UNA FE Y UN OPTIMISMO QUE CONTAGIA A CADA MOMENTO. CON “PROPUESTAS” COMPARTIÓ UN DIÁLOGO EN DONDE NOS DEJÓ MUY INTERESANTES CONCEPTOS QUE COMPARTIMOS CON USTEDES… DEL ÍDOLO A SU PUEBLO QUERIDO QUE TANTO ESTÁ REZANDO POR SU RECUPERACIÓN.

Un 22 de abril de 1954, en unos de sus barrios al norte, Melo traía al mundo a quien hoy es uno de sus hijos más queridos y conocidos en todo el país... nacía así Robert García Castro.
En el humilde hogar que formaban su papá, Dody García - Sargento del Ejército – y su mamá, Olga Castro - Ama de Casa -, también se criaron sus 3 hermanos: Mirta, Eduardo y Jorge.
Poco tiempo después la familia se muda al barrio Arpí, y en sus calles fue en donde, desde muy pequeño, Robert acostumbró a amenizar las mañanas y tardes de los vecinos cantando a viva voz y en plena calle canciones, en su mayoría de origen mexicano, que eran el furor de la época, en especial las de Miguel Aceves Mejía, uno de los preferidos del niño cantor.
Así lo recuerda hoy:
“Yo nací con la pasión del canto; recuerdo cuando iba a ver las películas de ‘Los 5 Halcones’, en donde trabajaba Antonio Aguilar, Miguel Aceves Mejía, Luis Aguilar y otros, eran películas de cowboys. Yo a los 10 o 12 años miraba esas películas - en el Teatro de Verano – y me aprendía las canciones de memoria, porque obviamente era imposible comprarse un disco (…)Otro ejemplo es que hace poco, mis dos hermanos mayores – Mirta y Eduardo - la otra vez recordaban que cuando éramos chiquitos, yo agarraba un palo de escoba y cantaba arriba de la cama, a lo que ellos me corrían diciéndome que no cantara, que no sabía cantar. Lo que son las cosas de la vida, que el que salí cantor justamente fui yo”.

El Raphael de Melo

Esta pasión irrefrenable acompañaba a Robert a todos lados, inclusive a la escuela – concurrido a la Nº 3 y a la Nº 75 -, en donde tenía por costumbre subir a los bancos y cantarle a sus compañeros sus canciones favoritas, mientras estos se divertían y bailaban.
Cuando tenía 13 años quiso subir la apuesta y enfrentarse al público, por lo que se propuso integrar una murga y golpeó las puertas de la famosa “Don Bochinche & Cía”, sin mucha suerte:
“Me corrieron, ‘no gurí, peláte’, me decían los directores de la murga, y ese carnaval, justo en el tablado al lado de la sede del Naranjo, no había número, y como yo cantaba en las calles de mi barrio y en la escuela, me dijeron ‘Gurí, ¿por qué no subís a cantar ahí arriba?’, y ahí fue donde me hice conocer por el cantante español Raphael, elegí sus temas, y cuando subí y comencé a cantar, sin guitarra ni nada, recuerdo que la gente comenzó a abrir las ventanas de sus casas, para mirar quien era que estaba cantando tan igual a Raphael y ahí surgió este personaje”.

Cantor, manicero y soldado
Para continuar desarrollando el encanto logrado a primera vista con el público, nuestro entrevistado luego se une al “Oso” Robert Lima - que tenía 11 años y tocaba la guitarra -, para crear el dúo “Los Robert”, con el que concursaron en el Teatro de Verano.
Posteriormente forma parte de varias orquestas, como “Arcoiris”, “Conexión 4”, también junto a Benito Martínez - con quien tocaba en el Club Unión -, y además de cantar en Melo, comenzó a hacerlo por todos los pueblos del departamento y zonas aledañas, lo cual no quería tampoco decir que hubiera perdido su gusto por mostrar su arte en plena calle:
“Todos entonces decían ‘este gurí está loco, este gurí está loco’, pero yo quería cantar, y me paraba en Aparicio Saravia a hacerlo y venía la policía y me corría, a lo que me iba a otra esquina a cantar y se juntaban un montón de gurises, que tenían más o menos mi edad.
Yo entonces cantaba y llevaba el dinero a casa para la comida de mi mamá y mis hermanos, y para ayudar a ello – ya que mis papás se habían separado – vendí maní y bizcochos, deschalé maíz, arranqué papas, trabajé en el Hospital en construcción, por ejemplo”.
Si estas facetas de Robert le llaman la atención, quizás más lo sorprenda que haya sido soldado del ejército de 1980 a 1991:
“Una experiencia que me sirvió de mucho ya que ahí se aprenden muchas cosas, como en muchos trabajos. Uno hizo de todo en la vida y cuando lo miran en el escenario, piensan – más que nada en otros lugares, porque en Melo la gente me conoce – que uno nunca hizo nada”.

Un verdadero embajador de Cerro Largo
Más allá que quizás en nuestro país le hayan quedado pocos escenarios por pisar y pocas ciudades en las que no haya actuado, uno de los motivos de mayor orgullo de Robert Reys es haber llevado la azul y blanca de Cerro Largo a diferentes países, como México, Chile, Argentina, Brasil, Perú y Estados Unidos (en donde cantó en Nueva Cork y Miami).
“Yo he cantado con ‘El Puma Rodríguez’, ‘Cristian Castro’, Luciano Pereyra’, con ‘Cacho Castaña’, en el mismo escenario y ¡hay que estar con esos cantantes internacionales!
Dios me dio cosas que yo no pensaba iba a conseguir, como los viajes, conocer a cantantes famosos, compartir escenario, cenar con Julio Iglesias, Ricky Martin o con Shakira”.
Si tiene alguna duda de las personalidades con las que ha estado este melense, sólo tiene que ir por su casa para apreciar todos los cuadros que engalanan su entrada… puede que hasta se lleve varias sorpresas.

Una familia de cantantes
Esos son algunos de los orgullos profesionales de Robert, pero mayores son los logros que ha conseguido en lo familiar, conformando una gran familia, con 5 hijos, que le han dado 9 nietos – y uno en camino, desde los Estados Unidos – y además la satisfacción de también haber salido cantantes, continuando la tradición y pasión de su padre.
Junto a ellos, su gran soporte es su actual pareja, Celia, con quien están de novios desde hace 17 años y sólo desde hace tres viven juntos:
“Es una gran compañera, el gran sostén que tengo”; efectivamente, Celia ha sido su gran punto de apoyo, en la buenas … y en las malas .

El drama toca la puerta
Una mañana a fines de marzo de 2006, sobre las 8, el Ídolo – como cariñosamente lo bautizó su gente - desperté sudando en forma abundante, principalmente en su pecho. Como pudo se levantó y empezó a temblar, a lo que se asustó y pidió a su pareja que llamara a Gianfranco, su hijo, para que lo llevara al Hospital, ya que no se sentía bien:
“Al llegar fue horrible, porque parecía una persona de muy avanzada edad, doblado y caminando como un señor de 90 años, por lo que la gente que me veía a la entrada del Hospital decía ‘se nos muere el ídolo, Robert Reys’. Ahí me descubren una congestión, (…) luego me sacan un líquido de la pleura, del pulmón y no hubo mejoría, por lo que me hicieron una tomografía computada – en el sanatorio -, en la que se pudo ver un linfoma que estaba envolviendo al riñón izquierdo. Ahí me vine abajo y me di cuenta que tenía cáncer porque cuando entré al sanatorio, la gente como me quiere me saludaba muy contenta, pero cuando salí de la tomografía no había nadie, por lo que me mentalicé, y a mi Doctor de cabecera, el Dr. Norberto Borba, un gran amigo, fue a quien le tocó decirme que tenía cáncer. Junto a ello me dijo que había esperanzas y que me iban a mandar a Montevideo. Allí después me dieron esperanzas, me dijeron que me pusiera en un 90 %, que me iban a intentar curarme. Yo asumí la enfermedad, pero siempre pienso en positivo, que estoy saliendo de esto, que ya no estoy enfermo, y así ya llevo un año y medio. Los doctores de Montevideo me han dicho ‘Ud. Cantor – como me dicen – tiene una estrellita que lo está alumbrando’, es creer o reventar”.

Lucha y esperanza

Hay quienes dicen que no nos definen los problemas que nos toca vivir, sino la forma en como los afrontamos. En el caso de Robert, emociona ver la esperanza que transmite, la fe enorme que tiene en que la ciencia y Dios lo van a ayudar a seguir adelante:
“Yo estoy asombrado, y a la vez asustado de la fuerza que tengo, porque mire que hay que tener espíritu y fuerza para aguantar esto. Me han dado 14 quimioterapias y 30 radioterapias, ¿qué cuerpo lo aguanta? El año pasado las sufrí mucho, pero este año mucho menos, porque creo que el cuerpo se ha acostumbrado. (…) Soy positivo, voy a seguir luchando esta batalla y sé que la voy a ganar. Tengo eso en mi corazón y el saber que la gente está rezando por mí, sé que tengo un pueblo detrás que me quiere, que me ama”.

Los verdaderos amigos

Este vía crucis no ha sido sencillo y no sólo por la enfermedad en sí, sino por los inconvenientes económicos que le han supuesto estar lejos del escenario, pero ha ayudado para clarificar algunas otras cosas:
“Tengo amigos bien pobres, que en estos momentos me han dado una gran ayuda espiritual, para que no me entregue y otros con dinero, que me están ayudando en este momento, con quienes soy muy agradecido porque no tienen la obligación de darme nada. (…) En todo esto descubrí cuanto me quiere el pueblo y quienes son los verdaderos amigos, porque hay mucha gente que tiene mucho dinero y no han sido capaces de decir ‘vamos a darle $ 100 al Ídolo’, ‘vamos a mandarle $ 500 a Montevideo’, esa gente no se acercó nunca. Si lo ha hecho un
montón de gente que no creí que me quisiera tanto. Esas cosas son el regalo más grande que puede tener un artista”.
Ese apoyo incondicional y ya de paso económico, se lo dio su propio pueblo el pasado 9 de junio de 2006, cuando colmó el Teatro España, para colaborar con su Ídolo y escuchar su canto:
“Con cosas como esa demostré que pude ser profeta en mi tierra… y no es fácil serlo (…)Otro gran honor fue cuando en la Semana del Caballo pusieron mi nombre a su escenario mayor; ahí se me caían las lágrimas, porque es emocionante para un artista, ya que he cantado en casi todos los escenarios del Uruguay, que homenajean con su nombre a personas que ya están muertas, y yo lo estaba viviendo en vida”.

Apuesta a la esperanza
En el último año y medio, Robert Reys ha pasado ya por 6 operaciones, y en estos días se está practicando una más, en el Hospital Maciel, lugar para que el que no tiene palabras para agradecer a sus doctores – también agradece a quienes lo atendieron en Melo -, por como lo han atendido desde el primer día:
“Ya les he dicho que son parte de mi vida, y la doctora, luego de la última operación lloraba conmigo y me decía ‘si todos tuvieran su espíritu, García’, a lo que yo le contestaba ‘ustedes me han dado fuerza, me dieron esperanza y yo estoy luchando por ella, yo sé que es bravo, tengo asumida esta enfermedad, pero quiero estar curado’. A mi me da mucha emoción verlos, porque yo estuve cuatro veces por marchar, por pelarme y ellos me salvaron la vida (…) Ahora me dicen que si paso la próxima, que es un auto transplante de médula ósea, hay una posibilidad de cura de un 100 %”
La esperanza de nuestro entrevistado en una pronta recuperación pasa también por futuros compromisos muy importantes que no se quiere perder por nada:
“En el próximo año y medio tengo dos cumpleaños de 15 de mis nietas; si llego así soy un campeón, porque ellas quieren que yo les cante en la fiesta y les voy a cantar, eso me da esperanza de vivir (…) Ahora no estoy cantando, pero estoy deseando volver al escenario. Si en diciembre estoy bien, capaz que hacemos un concierto en el Teatro España, sobre Navidad, pienso hacerlo pero es Dios quien dispone”.

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