domingo, 2 de septiembre de 2007

Churrasco Ovino

Diferendo por el famoso Churrasco Ovino

El 8 de enero era el cumpleaños de mi viejo, fecha y día que se reunían una serie de íntimos para conmemorar el onomástico de tan entrañable amigo, y sobre todo, para rememorar, por enésima vez, agregando y sacándole detalles - para hacerlas más pintorescas - a aquellas historias que juntos por tantos años compartieron.

Ese día no faltó nadie: vino el Mejías - con su guitarra -, el viejo Villanueva, el "Cacho" Borches, Tomás "Tomasito" Neira y Washington Alvez.

Vale aclarar que el día anterior habían quedado cada uno con sus tareas para lo que sería esa "cena": el "Cacho" traería el chorizo, "Tomasito" un vino de naranjas que había hecho, Washington la leña, Mejía… bué, éste aportaría la presencia y la amenización, con sus cantos, y por último mi tío… sí, el mismísimo Melitón, era el encargado de llevar nada más y nada menos que la carne.

Siguiendo con el día en cuestión, a la hora señalada, fueron cayendo uno a uno.

Ya el fuego a las 6 de la tarde estaba en marcha; mi viejo con su caña con limón, compartida sorbo a sorbo con Washington y el "Cacho", mientras "Tomasito" alardeaba con su vino casero, mientras que el resto le entraba a un "wisqueicito", como decía Villanueva.

Ya el chorizo ocupaba su lugar en la parrilla, en la parte más alta, pá que se vaya haciendo despacito, pero a tiempo pá la picada.

Todo muy bien, todo bárbaro, a pedir de boca, pero faltaba lo principal, sí… la carne.

Disimuladamente cada uno miraba su reloj, hasta que no faltó quien preguntara:

  • ché.. ¿y la carne?.

Y la verdad que era entendible tanto nerviosismo, ya que eran casi las 8 de la noche y nada.

A punto de que la impaciencia entrara en ebullición, salieron todos a la calle y minutos después, por la callejuela que pasa por detrás de la cancha del Melo Wanderers, vieron la inconfundible figura de Melitón, en un inigualable zigzagueo con su bicicleta al costado, que mientras sujetaba con una mano el manubrio, con la otra sostenía por el cuello una damajuana de vino sobre el cuadro del rodado.

No dejaban de mirarse y mirarlo.

Cuando lo tuvieron a una distancia de un par de metros, casi en coro le cuestionaron:

  • ¿y la carne?.

…. se tomó su tiempo para llegar, miró la damajuana, con sabiduría criolla tomó aire profundamente, levantó el mentón - con esfuerzo -, los miró uno por uno y les resumió diciendo lo siguiente:

  • Cuando llegué a la carnicería, el funcionario de dicho local me preguntó: "¿por qué no prueba churrasco OVINO"? y yo, entre probar churrasco o VINO, elegí lo segundo!!.

- "Con permiso", dijo y pasó con su carga opcional.

Q.T.C.

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