domingo, 26 de agosto de 2007

DERRAMES CEREBRALES


"Todos los días agradezco por poder hablar, moverme… por esta segunda oportunidad de vida"

UNA SEMANA DESPUÉS DE PREGUNTARSE DONDE ESTABA DIOS, SILVIA SUFRIÓ DOS DERRAMES CEREBRALES EN FORMA CONSECUTIVA QUE CASI TERMINARON CON SU VIDA.

HOY NO SOLAMENTE VIVE PARA CONTAR ESTA EXPERIENCIA, SINO QUE NARRA LOS DETALLES MÁS INCREÍBLES DE LO VIVIDO AL ESTAR SOBRE ESE HILO TAN DIFUSO QUE SEPARA A LA VIDA DE LA MUERTE. UN TESTIMONIO DE DOLOR, ESPERANZA Y DE UNA GRAN FE, COMPARTIDO POR INICIATIVA PROPIA CON LOS LECTORES DE "PROPUESTAS".

La mañana del 11 de agosto de 1993 tenía a Silvia Echevarría Albano - de entonces 22 años - entrenando como solía hacerlo, en su gimnasio de siempre, con amigas. Estaba haciendo abdominales cuando sintió un fuerte dolor en la nuca, que luego se volvió leve mareo, y prosiguió durmiendo una de sus piernas y otro de sus brazos, lo cual alarmó a ella y a quienes la rodeaban, por lo que llamaron a la ambulancia y ante la demora de ésta - que llegaría al lugar dos horas después - su propio esposo, Marcelo, fue quien la trasladó a un sanatorio local.

Entonces aún estaba consciente, pero al punto de perder el conocimiento recuerda el ingreso de su mamá al lugar en donde estaba y que le llegó a decir "me muero".

Flotando en la habitación

Silvia fue inmediatamente trasladada al CTI del Sanatorio Americano de Montevideo, donde se confirmó este derrame cerebral y al que posteriormente proseguiría otro el 23 del mismo mes. Cada uno de ellos paralizó una parte de su cuerpo, pero su estado inconsciente hacía que no lo sintiera, aunque si pudo saberlo, porque según nos cuenta, mientras su cuerpo estaba preso en la cama, ella igualmente era una espectadora de lujo de lo que sucedía:

"Yo siempre andaba flotando, andaba contra los techos mirando hacia abajo, sabía quien estaba afuera, una cosa rarísima. Veía a los médicos reanimándome; a papá en su momento le pregunté si había venido con los tíos y también le comenté lo hermoso que era el jardín del sanatorio, yo me lo recorría todo de esa manera. Sabía todo el movimiento de gente, de todos los que entraban y salían, yo estaba flotando encima de ellos y cuando me recuperé se los dije y no lo podían creer".

Estar en esa situación le permitió a nuestra entrevistada incluso estar en el ateneo de médicos donde trataron su caso y hablaron de las alternativas que tenían, bastante antes que se lo comunicaran a ella personalmente cuando ya estaba despierta en la cama.

La paz o la vida

Ese recorrer de forma tan peculiar la habitación y el propio sanatorio en donde estaba tuvo un quiebre, hasta un momento en que todo quedó a oscuras:

"Era como un pozo oscuro, pero después se hizo una luz impresionante y luego de ella una paz, una tranquilidad tremenda … yo a la vez estaba inquieta, más que nada por mis hijos, ya que eran muy pequeños. Llegué entonces a un valle, donde había una ronda de niños vestidos de blanco, mientras yo flotaba. Había cantidad de gente, pero no vi caras, jamás. Entonces apareció un ser luminoso, al cual tampoco le vi la cara, debido a la luz fuertísima. Me habló - con voz masculina - y me dijo que tenía que disfrutar de la vida y yo le pedí ir y volver, ya que miraba hacia abajo y veía a mis hijos que me llamaban. Me dijo que nada de lo material que tenía me iba a servir, por lo que le ofrecí mi fe y serle fiel. Ahí entonces noté que estaba en la cama, despierta y con la medallita del Sagrado Corazón en la mano, con lo que en ese momento salí del coma, pero ningún médico hasta el día de hoy lo puede creer. Yo estaba muy tranquila, a no ser por mis hijos, que eran muy chicos, esa era mi mayor desesperación, pero sentía una paz impresionante".

Milagrosa rehabilitación

El despertar de Silvia fue el comienzo de otra historia, enfrentando la dura realidad de poder mover solamente sus ojos, nada más afrontando pésimos pronósticos de los especialistas que la trababan:

"A fines de setiembre, en Montevideo los doctores me dijeron que nunca más iba a caminar, que no había nada que hacer. En Melo también, ya que el doctor que me dio el alta, le dijo a mi esposo: 'llevate esto, es como un auto viejo, le podrás sacar alguna telaraña, pero nada más' y yo le dije 'vás a ver que voy a caminar'. En ese entonces yo no movía nada, pero mi hermana me puso un rosario en la mano y fue la primera vez que volví a mover un dedo. Luego empecé fisioterapia, en la clínica de Ficel, con Graciela Lorenzo, Claudia Feo y Kathy Eccher, que se portaron divino conmigo y sin cobrarme nada me fueron ayudando, en momentos muy difíciles para mí, ya que era horrible verme así. La fisioterapia la hacía de mañana y de tarde, comencé gateando, aprendí a mover dedo por dedo, los brazos, todo. Fue muy difícil, pero nunca lloré, sólo cuando se apagaban las luces de noche. Cuando pude volver a atarme los cordones fue mi día más feliz y llamé a todos para contarles; también cuando pude pararme o salir de la silla de ruedas, lo mismo, fue divino".

Con mucha fe y esfuerzo, la rehabilitación de Silvia fue rapidísima, y sólo 5 meses después ya estaba en una piscina aprendiendo a nadar y hasta el día de hoy el deporte es su actividad impostergable, comenzando cada día, a partir de las 7 AM con la práctica de unas dos horas - o más - de gimnasia, sin feriados ni excusas.

Agradecer todo

Hoy, desarrollando tareas como amas de casa, siendo una presencia invalorable para su esposo y sus dos hijos - Federico y Lucía, de 16 y 14 años respectivamente -, la experiencia vivida la hace mirar la vida de otra manera, valorando todo:

"Todos los días agradezco por todo, no tanto por lo material, sino por poder hablar, moverme, por poder ser madre tener mis hijos, agradeciendo esta segunda oportunidad de vida que me dieron. Nunca me pregunté por qué me sucedió y no me quejo de lo que me pasó, más allá de que obviamente no es lo más lindo. El año pasado falleció mi padre y yo lo siento, lloro y lo extraño, pero estoy tan tranquila porque sé que está tan bien y a veces quiero acercarme a quienes han sufrido una pérdida para decirles que esa persona está bien, pero no lo hago porque pensarán que estoy loca".

La fe ante todo

Silvia sostiene que en su hogar siempre han sido católicos, pero reconoce que después de lo vivido ella, su esposo e hijos aprendieron a valorar más las cosas y por eso también ha compartido esta increíble vivencia con los lectores, para que ellos también lo hagan:

"Yo quiero que todo el mundo tenga fe… la fe mueve montañas, yo mismo lo he comprobado.

Mucha gente me rodeó en su momento, haciendo oraciones, rezando y eso es lo principal.

Yo creo en Dios, Jesús, en la Virgen María, son sagrados; les rezo todos los días y son los que me dan fuerza para levantarme. Nunca en mi vida pensé que iba a tener tanta fe y que me iban a responder de la forma en que lo hicieron".

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