viernes, 5 de octubre de 2007

El drama peruano vivido desde Santa Clara de Olimar

"No pensamos que había sido tanta desgracia"

A todos nosotros, habituados a un comportamiento mucho más previsible y tranquilo del territorio sobre el que vivimos, entender un terremoto y lo que implica, no nos resulta algo natural. Sí lo es para quienes se han criado en países como Perú, siempre con esta amenaza presente. Tal es el caso de varias de las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, que se encuentran trabajando de forma solidaria en Santa Clara desde julio de 2001, dado que 5 de las 7 hermanas que conforman esta congregación son peruanas y les ha tocado vivir este último movimiento sísmico con gran angustia.

Primeros contactos con Lima
"Propuestas" dialogó con la Madre Superiora María Juana, principal de este núcleo de solidarias servidoras que diariamente viven pendientes de las necesidades y problemáticas de la gente de Santa Clara y zonas adyacentes, pero hoy miran más que nada lo que pasa en el Perú, país del que provienen, junto a nuestra entrevistada, las hermanas Ma Davidis, Ma Cristina, Ma Carol y Ma Neri, mientras que Ma Marcelina y Ma Faustina, son de nacionalidad argentina:
"Como a la media hora de enterarme llamé a Lima, a la casa de nuestra congregación y se notaba que la Madre y las demás habían pasado una noche muy mala; me contó todo el caos que había sido en Lima, pero me dijo que el epicentro había sido en Pisco, dándome los datos que se manejaban hasta ese momento, que eran muy pocos. Allí una de las nuestras casi sufrió un paro cardíaco, dado que todas vivieron tres minutos que les resultaron eternos, viendo como en una edificación de dos plantas se abrían los pisos. Eso igual quedó corto comparado con lo que pudimos comenzar a apreciar por internet luego".

Pérdidas humanas y totales en lo material
Luego que pasaron las primeras horas de la tragedia, y las comunicaciones se iban recomponiendo, comenzaron a llegar más detalles, cuando las propias familias de las hermanas empezaron a llamar desde Perú y con ello, se tuvo mayor dimensión de lo sucedido:
"No pensamos que había sido tanta desgracia, que tanto había pasado. Decir por ejemplo que la mamá de una de nuestras hermanas - que viven en Perú - fue de las que había ido a misa y falleció allí mismo, a la cual aún no habían encontrado porque está entre los escombros. La hermana Ma Flavia, que actualmente está estudiando en Roma y es una de las fundadoras de la congregación en Santa Clara, ha quedado sin casa, pero gracias a Dios no ha perdido a ningún familiar. La madre con la que hablamos nos dijo que de las casas de las familias de nuestras hermanas - que son 14 en Pisco, lugar del epicentro, 24 en Cañete y 2 en Ica, los lugares afectados -, sólo una quedó en pie, el resto quedaron sin casa.
Por supuesto que lo peor es que muchas hermanas nuestras del lugar han perdido a sus familias: una a dos hermanas, otra a sus sobrinas, y más. Cada una se vio tocada por la pérdida de algún familiar".

Saqueos por alimento y agua
Una situación humanitaria tan grave, con poblaciones que quedaron casi totalmente destruidas, ha hecho que las ayudas desde diversos puntos vayan llegando. Por ejemplo, nuestro país dispuso el envío de una Unidad Potabilizadora de Agua, para atender aunque sea en una mínima parte, la demanda de agua que hay en los lugares afectados. Ello lo ilustra muy bien la Madre María Juana al referirse a la situación en la que por ejemplo han quedado muchos habitantes de Pisco:
"Una de nuestras hermanas, contó que estaba pernoctando en la plaza del centro de la ciudad, que es el lugar más descampado, llegó el agua, y estando tan cerca no le tocó una sola botella, lo que daba a pensar que sería de las familias que estaban lejos del centro. También me comentaban que hay mucho desorden, ya que no se puede organizar tanta aglomeración de gente. Me decían que en la ruta hay camiones que han sido saqueados, para quitarles el agua y el alimento. Lo que sucede es que hay gente a la que no les llegan y uno se puede imaginar una familia con criaturas que se mueren de sed, por lo que son hasta comprensibles esas cosas que se dan, ya que no saquean cosas superfluas, sino que alimento y agua".

Salvada por segundos
El cabal conocimiento del drama por el que estaban atravesando sus compañeras - por más que la mayoría de las hermanas peruanas que están en Santa Clara son oriundas de Lima - ha estado acompañado del conocer varias anécdotas que pintan el dramatismo de lo vivido:
"La madre de una hermana nuestra, que estaba hospitalizada - por cáncer, estaba haciendo quimioterapia -, al comenzar el terremoto comenzó a correr y a donde llegaba se le caía una y otra pared, entre gritos y caos. Al llegar a la puerta del hospital, la misma estaba con candado y no podían salir, hasta que un hombre que se acercó tomó un hierro y al golpearlo muy violentamente, éste se zafó. Apenas terminaron de salir del hospital cuentan que el edificio se desplomó; ellos se salvaron, pero muchos quedaron sepultados. Esta mujer se salvó, pero quedó sin nada, sólo con lo que tenía puesto, ya que quedó sin casa, ropa ni nada".
El desafío hoy, tanto para las hermanas de esta congregación que viven en Perú, como para sus demás compatriotas afectados - como nos decía la Madre María Juana -, no es solamente el afrontar el dolor de tener algún ser querido muerto:
"A ello se suma el hecho de tener que comenzar nuevamente pero sin casa, sin pertenencias, sin el negocio - quienes lo tenían -. Volver a empezar sin nada, por lo que es difícil, y al ponernos en el lugar de esas personas nos imaginamos lo duro que debe ser".


Todos podemos ayudar
No hay dudas en cuanto a que todas las imágenes que hemos visto en la televisión sobre lo sucedido en Perú, más la lectura de este testimonio y las imágenes que lo acompañan, nos sensibilizan sobre los difíciles momentos que están pasando los incaicos.
Para convertir ese sentimiento en ayuda para ellos y en particular para las familias de las hermanas de esta congregación afectadas por esta tragedia, podemos sumarnos a las colectas que sus pares están realizando desde hace algunas semanas en Santa Clara, para girarles dinero que sume al momento de todo lo que se debe hacer en estos momentos.
La forma de hacerlo es dejando nuestras donaciones en la propia Parroquia Santa Clara de Asís o combinando el giro con las propias hermanas, al teléfono (0464) 5034.
Para quienes estén en Melo, también ponemos a disposición la recepción de sus aportes en la redacción de nuestra revista - en Oribe 770 bis, Melo - para su posterior envío a la localidad olimareña. Esta posibilidad de colaborar, no es más ni menos que una mínima chance de devolver partes de lo mucho que esta congregación - sin pedir nada a cambio -, hace todos los días en nuestra región, desde mediados del 2001.

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